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Celebración Día del Exalumno 2011 »

Madrid, 4 Septiembre de 2011
Queremos extenderles un gran saludo en el Amor y la Luz del Maestro Jesús, que el aura de su corazón amoroso nos abrigue y acompañe siempre a todos: a niños y niñas, a los exalumnos, a los hijos de los exalumnos, a las directivas y al el equipo de trabajo de la institución y de la Asociación de Exalumnos.
En primera instancia quiero comentarles que no soy un exalumno, soy un hijo de un exalumno que solo quiere usar mi voz para transmitirles un mensaje de amor y gratitud que es en realidad la voz de todos los exalumnos presentes y no presentes en este sagrado recinto. Y no solo sagrado porque sea una capilla sino porque ha sido y es el nido de muchos corazones que como ustedes, niños y niñas, fueron huérfanos de padres o de afecto, y que encontraron en este espacio un verdadero hogar.
Este hogar cuyo nombre fue creado por don Lorenzo Cuéllar: Instituto Cristiano de San Pablo. ¿Niños, saben ustedes lo que significa este nombre?. Bueno, instituto porque es un centro de educación y formación, Cristiano porque seguimos las enseñanzas de Jesucristo y de San Pablo por que fue en honor de uno de sus discípulos más juiciosos. El apóstol Pablo fue el más obediente porque sin conocer a Jesús en persona, llevó el mensaje del Maestro más lejos que ningún otro y fue fundando iglesias por donde quiera que pasara. Les escribía cartas a esas iglesias para que no perdieran la fe y para orientarlos. Una de esas cartas muy hermosa fue a la iglesia de Corinto. Allí les hablaba del amor.
Dice Pablo “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. “

Ese amor del que nos habla San Pablo es el amor que debe existir en un hogar, en una familia y en nuestra familia se ha cultivado este amor desde que inició la institución. Niños, pues nuestro hogar tuvo un gran abuelo en don Lorenzo Cuéllar que trabajó fuertemente durante 80 años y fue tal su amor y su entrega que nos dejó este terreno que pisamos hoy y la hermosa idea de crear un hogar para niños sin familia, como este que ha existido hasta nuestros días, y lo dejó escrito en su testamento pensando en que fuéramos:“ Personas útiles a la Patria”.

También podemos decir que este hogar tuvo papás, dos grandes sacerdotes que hicieron las veces de papá. El padre Luis María Murcia y el Padre Alfonso Henao. Las casas, la capilla y la institución en general han sido nuestra madre que siempre nos acoge con sus brazos abiertos cada vez que volvemos a ella y buscamos su cálido y amoroso regazo. Niños, pero al igual que en todo hogar no faltan los hermanos mayores y en este hogar los hay por montón y son los exalumnos que como nuestros hermanos mayores nos ayudan y nos orientan cuando nuestros padres no están.

Y cómo era aquel hogar? Los niños vivíamos en 10 casas con la amplitud y libertad. En esas casas comíamos y dormíamos. De ellas salíamos por la mañana para ir a la iglesia y asistir a la Santa Misa. Regresábamos luego para tomar el desayuno y ocuparnos en el aseo de la casa y en los cuidados que demandaban la huerta y el jardín. A las 8,30 íbamos a los salones de clase y allí permanecíamos hasta las 12m donde tomábamos 4 clases, que se alternaban con varios descansos cortos. A medio día almorzábamos y tomábamos un largo recreo en los campos de deporte hasta las 2 p. m. A esta hora volvíamos a las clases o talleres hasta las 4 p. m. Después nos ocupábamos durante una hora y media en los trabajos de las huertas y luego otro recreo hasta las 6 p. m. A esta hora íbamos a la capilla para el rezo del rosario. Seguía una hora de estudio. En seguida volvíamos a las casas para la comida, pasada la cual nos entreteníamos con juegos de interior, con la radio, el pin-pong, etc., hasta que llegaba la hora de acostarse. Para procurar el ambiente de familia, en cada residencia había uno o dos educadores, en varias casas un matrimonio, que nos cuidaban y hacían las veces de nuestros padres. También teníamos unas tarjetas de buen comportamiento que eran perforadas cada vez que nos portábamos mal, el premio para los juiciosos era ver películas del Gordo y el Flaco o de Tarzán o salir de paseo. Los desjuiciados nos tocaba quedarnos en las residencias castigados pero en medio de todo disfrutamos de este, nuestro hogar.

Era muy común ver al Padre Murcia jugar con nosotros al futbol, gozábamos de su entusiasmo y reíamos mientras se enredaba el balón en su sotana. Como buen jugador de ajedrez era retado por los más avezados del tablero, de algunas residencias de los chicos grandes. Y qué decir del inolvidable croquet en el que muchos nos peleábamos por los martillos y las esferas de madera para meterlas en los aros.

Aquellos gratos recuerdos del padre Murcia, que aún se conservan en nuestra mente se juntan a los del padre Henao de quien eran muy gratas las visitas de su familia a la institución, sus hermanos y sobrinos acudían en un abrazo fraternal con el mismo amor y afecto que el padre Henao nos prodigara. En los jardines siempre nos reuníamos a su alrededor, muchos chicos y chicas para compartir de su conversación amena, que siempre nos dejaba una enseñanza afectuosa.

Y así era nuestra vida por aquel entonces. Es posible que lo que ustedes viven hoy no se parezca a lo que nosotros vivimos. Aquí continúa nuestra tarea. Ustedes niños no saben lo que nos ha tocado batallar para que la herencia de nuestro abuelo Don Lorenzo se mantega. Pues ha habido personas que les ha faltado verdadero amor por la institución. Hoy estamos aquí en pie de lucha, con la mano en el corazón y la felicidad de trabajar por nuestra casa.

Compañeros exalumnos, estamos en un momento histórico en la institución, pues hoy contamos con 3 exalumnos de un grupo de 6 personas que conforman la Junta Directiva que administra la institución. Por lo tanto, en nuestras manos recae una gran responsabilidad y compromiso. Es nuestra oportunidad de seguir siendo gratos con nuestra Institución, nuestra amorosa madre que siempre nos ha acogido. Nos corresponde a nosotros, velar por que no solo siga la institución si no que vuelva a ser lo que fue para nosotros: un lugar de estudio, de oración, de siembra y un hogar de amor.
Queridos niños y exalumnos, todos los años desde hace más de 30 nos hemos reunido el primer domingo de septiembre en fraternidad, alegría y con un espíritu de gratitud, pensando en que cada vez se aumente significativamente el número de asistentes, porque tenemos, en la Asociación de Exalumnos, el empeño de rescatar a muchos más de los hijos de esta querida Ciudad del Niño. Pedimos a los presentes que nos pongamos cada uno en la tarea de atraer por lo menos uno más de nuestros compañeros de época.
Los niños se preguntarán: ¿qué es la gratitud? Bueno pues es la capacidad para reconocer, valorar y apreciar a las personas, las situaciones y las cosas. Es dar reconocimiento justo por todo lo que recibimos. Una persona que agradece las situaciones que ha vivido, o que está viviendo, aún cuando son adversas, aprende a vivir en un estado de tranquilidad y felicidad que sólo se logra con la sabiduría.
Ya sabiendo qué es la gratitud, hoy queremos, niños, exalumnos y allegados, rendir un homenaje sentido, reconociendo en primer lugar a nuestro Padre Celestial que iluminó la mente de muchos hermosos seres en la tierra para que la semilla de su amor floreciera en un humilde lugar donde muchos corazones se unieron en torno a un ideal en el servicio; a nuestro gran abuelo Don Lorenzo que en 1901 nos legó su herencia, a nuestro padre Murcia quien viajó por el mundo para diseñar y crear la Ciudad del niño y de la niña y la dirigió hasta 1960, al padre Henao que continuó su labor hasta 1985 a nuestra madre la institución que nació en 1955. Al grupo de nuestros profesores y padres que nos educaron en cada una de las diez casas en las que habitamos y recibimos la formación en valores que nos ha permitido llegar a ser hombres de bien. A todos ellos ponemos un altar de flores, con amor en nuestro corazón y alegría en nuestros rostros, gustosos de devolver en un acto simbólico lo mucho que hemos recibido.
Queridos niños y niñas, con la actividad del día de hoy queremos transmitirles los sentimientos de gratitud que son la más noble manifestación para quienes nos han servido y nos han formado. Queremos que todos ustedes cultiven desde ahora este gran valor de la gratitud que nos permite reconocer la gran labor de las personas que luchan por formarnos y a quienes nosotros les debemos respeto, gratitud y obediencia para lograr el éxito en el desarrollo de nuestro proyecto de vida
A Ustedes niños, a Ustedes compañeros exalumnos quiero recordarles la misión que el Maestro Jesús nos dejó: Servir en el amor.
Muchas gracias.

 

William Toledo