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¿Cómo Funcionó Hasta el año 1984? »
Funcionamiento

Los niños viven en sus casas con la amplitud y libertad con que viven los niños de cualquier familia. En sus casas comen y duermen. De ellas salen por la mañana para ir a la iglesia y asistir a la Santa Misa. Regresan luego para tomar el desayuno y ocuparse en el aseo de su casa y en los cuidados que demanden la huerta y el jardín. A las 8,30 van a la escuela y allí permanecen hasta las 12 y 15, tiempo durante el cual asisten a 4 clases de 50 minutos cada una, que se alternan con descansos de 5 minutos y un recreo de 10. A medio día almuerzan y toman luego un largo recreo en los campos de deporte hasta las 2 p. m. A esta hora vuelven a sus clases o talleres hasta las 4 p. m. Después se ocupan durante una hora y media en los trabajos de las huertas y luego toman otro recreo hasta las 6 p. m. A esta hora concurren a la capilla para el rezo del rosario. Sigue luego una hora de estudio. En seguida volverán a sus casas para la comida, pasada la cual se entretienen con juegos de interior, con la radio, el pin-pón, etc., hasta que llega la hora de acostarse, que varía según el personal de cada residencia. Los últimos irán a la cama a las 9 a.m. Para procurar el ambiente de familia, en cada residencia hay uno o dos educadores, en varias casas un matrimonio, que cuidan de los niños y hacen para con ellos las veces de padres.

Otra característica de la Ciudad del niño es que aquí es muy poco lo que los niños reciben regalado. Su calzado, los enseres para el aseo personal, etc., lo compran los niños en el almacén con los bonos que reciben como remuneración por sus trabajos en las huertas y su colaboración en el aseo de las residencias, escuelas, etc. De esta suerte el niño aprecia más y cuida mejor su ropa y sus enseres, y, por otra parte adquiere, un sentido económico de la vida, del cual carecen en absoluto los que dejan las casas de beneficencia en que todo lo reciben de balde.

Al concluir esta explicación, espero que Ud. encontrará a la Ciudad del Niño digna de su apoyo y simpatía; que Ud. habrá de ser en adelante uno de sus mejores amigos y que habrá de llevar por doquier, en beneficio de la niñez desvalida, los ideales que la animan.

A mi regreso a Bogotá, participé en la H. Junta Directiva mis observaciones, las cuales fueron atentamente estudiadas, acordándose entonces que las nuevas construcciones para el Instituto se realizaran conforme al plan de ciudad.

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