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Comó Surgió la Ciudad del Niño »
Muy apreciado amigo:

Ya que está usted interesado en saber cómo surgió la Ciudad del Niño, me es grato complacerlo, refiriéndole los antecedentes de esta obra.
Un ilustre patricio, de grata recordación por sus virtudes, el señor Don LORENZO CUELLAR, fundó en su testamento el Instituto Cristiano de San Pablo, con el fin de proveer educación a niños y niñas pobres, de preferencia huérfanos, y a ese Instituto dejó la mayor parte de su apreciable fortuna.

Don Lorenzo Cuellar murió el 23 de Septiembre de 1920 y conforme con lo dispuesto por él, se constituyó una Junta encargada de realizar la obra que dejara planeada. Esta Junta inició la obra asistencial para niños en la Granja La Victoria en 1936.

A comienzos de 1946 fui designado por la Junta Directiva como Administrador del Instituto. Al recuperar al año siguiente uno de los edificios que en la Plaza España de Bogotá había construido el mismo señor Cuellar para que sirviera de sede a su fundación, me tocó iniciar allí la obra del Instituto en Bogotá.

La experiencia que había adquirido como Capellán del Reformatorio de Menores de Fagua, me había enseñado que la causa principalísima del extravío de muchos niños era la falta de hogar. Yo soñaba entonces con una obra para niños huérfanos que reemplazara en lo posible el hogar que les faltaba. Así que nada pudo haber colmado mejor mis ideales que el verme encargado de realizar la obra que Don Lorenzo Cuellar había concebido para proteger a los niños huérfanos.

Al abrir el Instituto en Bogotá, en Marzo de 1947, procuré darle a éste un ambiente de verdadero hogar. Allí no había campanas ni filas; todos comíamos a la misma mesa; la hora de retirarse a la cama no la fijaba un horario inflexible, sino las circunstancias de la velada familiar que seguía a las comidas.

Este género de vida pudo mantenerse mientras los chicos no pasaron de 30. Pero cuando ya doblaban este número, se hizo impracticable.

Sobre el programa de obras que presenté a la Junta, el Dr. Gustavo García Ordóñez, distinguido arquitecto que hace parle de la Directiva, elaboró el primer "scketch" de la obra. Se pidieron luego anteproyectos a 5 firmas de reconocido prestigio. La Junta se decidió por los proyectos del Dr. Alberto Wills Ferro, con quien se contrataron los planos de la que había de llamarse la Ciudad del Niño.

La construcción fue encomendada a la firma Copre Ltda., integrada por los Drs. Joaquín Vargas Rocha y Daniel Rebolledo. Interventor fue designado el Dr. Gabriel Sánchez Grillo.

Los trabajos se iniciaron el 1o. de Mayo de 1953 y avanzaron tan rápidamente que el 25 de Agosto de 1954 se ocupó la primera casa con los muchachos que iban a iniciar este género de vida. Poco a poco se fueron ocupando las demás casas con el personal que por entonces se tenía concentrado en la granja de La Victoria. las construcciones fueron bendecidas por S. E. Monseñor Alfredo Rubio Díaz el 25 de Septiembre. La capilla lo fue más tarde, el 12 de Diciembre, por Monseñor Luís Pérez Hernández. Finalmente la inauguración solemne de la Ciudad del Niño se hizo, presidida por el Emmo. Cardenal Crisanto Luque, el 4 de Julio de 1955.

Esta es, benévolo amigo, la trayectoria de la Ciudad del Niño. Pero al trazarla no puedo menos de evocar la memoria del Dr. EUGENIO J. GÓMEZ, presidente que fue de la Junta Directiva del Instituto por varios años, y que puso en esta obra el más decidido empeño, consagrándole las dotes de su esclarecida inteligencia y de su bondadoso corazón. Igualmente es de justicia recordar los nombres de los miembros de la Junta Directiva que presidieron la transformación del Instituto y llevaron a cabo la magna empresa de la construcción de la Ciudad del Niño.

Ellos fueron: el Dr. Daniel Ferrero Tovar, actual presidente de la Junta Directiva Don Manuel Merizalde, su actual vice-presidente, quien desempeñaba el cargo de representante del Gobierno Nacional ante la Junta, el Dr. Luís Carlos Corral Maldonado, el más antiguo entre los miembros de la Junta; Don Gabriel Restrepo, uno de los grandes convencidos de esta obra; el Dr. Fabio Lozano y Lozano; el Dr. Roberto Barreto Vargas; el Dr. Gustavo García Ordóñez y el Dr. Francisco Andrade. A la comprensión, el esfuerzo y generosidad de todos estos caballeros debe su existencia la Ciudad del Niño.

Finalmente no podría concluir esta reseña de la Ciudad del Niño sin consignar los nombres de quienes fueron mis más inmediatos y generosos colaboradores en su organización y funcionamiento, a saber, la señora doña Soledad Álvarez de Ucrós, secretaria general del Instituto por ese entonces; Don Luís Fernando Girardot, sub-director; los profesores Doña Lilia Galvis de Girardot, Don Samuel Bernal, Don Abdón Benavides, Don Darío Hurtado y Don José Munar.

Agradeciendo altamente su visita, me es grato suscribirme de UD.

LUIS MARIA MURCIA RIAÑO

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